FINANCIAMIENTO

Crédito hipotecario: $2 billones para ampliar el mercado

El FGS fondeará a los bancos. Cuántos créditos puede generar y qué puede cambiar para quienes buscan vivienda.

Crédito hipotecario: $2 billones para ampliar el mercado

El anuncio del Ministerio de Economía de destinar hasta $2 billones del Fondo de Garantía de Sustentabilidad (FGS) al fondeo de créditos hipotecarios constituye una señal concreta para un mercado que recuperó actividad desde 2024 pero que durante este año comenzó a mostrar una sensible desaceleración en la cantidad de nuevas operaciones.

La medida apunta directamente a uno de los principales condicionantes que viene enfrentando el crédito: la dificultad de financiar préstamos a 20 o 30 años con depósitos bancarios mayormente de corto plazo.

El mecanismo elegido no consiste en que el FGS otorgue créditos ni asuma el riesgo de los compradores. El Fondo colocará depósitos a plazo fijo ajustados por UVA en entidades financieras y serán los bancos quienes deberán transformar esos recursos en nuevos créditos hipotecarios, evaluar a los solicitantes y asumir el correspondiente riesgo crediticio.


Cómo funcionará


El programa contempla $2 billones, que serán ofrecidos mediante licitaciones de hasta $200.000 millones cada una. Los bancos podrán captar esos recursos en dos tramos: a un año, pagando como mínimo UVA más 2,50%, o a cinco años, con un mínimo de UVA más 4,50%.

A cambio, los fondos tendrán un destino específico. Los bancos adjudicatarios dispondrán de 90 días para aplicarlos a créditos hipotecarios destinados a adquisición, construcción, ampliación o refacción de primera vivienda.

Los préstamos deberán tener un plazo mínimo de 15 años, no podrán superar las 150.000 UVA por operación ($314,2 millones, equivalentes actualmente a aproximadamente USD 204.700 al tipo de cambio oficial vendedor) y, probablemente la condición más relevante para el tomador, la tasa no podrá ser superior a UVA más 7,50%.

Además, ninguna entidad podrá quedarse con más del 20% de cada licitación. Esto implica que una colocación completa de $200.000 millones requeriría, como mínimo, la participación de cinco entidades financieras.


¿Cuántos nuevos créditos puede generar?


La magnitud potencial es relevante, aunque debe ponerse en perspectiva.

En el ejemplo presentado oficialmente por Economía se considera una propiedad de USD 106.667, financiada en un 75%, con un crédito de $120,92 millones. Aplicando ese monto como referencia, los $2 billones permitirían fondear del orden de 16.500 créditos hipotecarios.


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Si el monto medio efectivo resultara algo menor, el número podría aproximarse a los 17.000 o 18.000 préstamos. No debe interpretarse, por lo tanto, que los $2 billones generarán automáticamente una determinada cantidad de escrituras: dependerá del monto promedio de los créditos efectivamente otorgados y de cuánto del programa sea finalmente adjudicado y colocado.

Pero la escala no es menor. Durante 2025 se incorporaron aproximadamente 43.000 nuevos deudores hipotecarios. Un programa capaz de sumar alrededor de 17.000 operaciones representaría, como orden de magnitud, cerca del 40% de todas las altas registradas durante aquel año.

Y su incidencia puede ser todavía más importante frente al menor ritmo observado durante 2026.


El efecto sobre las tasas puede ser tan importante como la cantidad


El aspecto más interesante del programa no es solamente cuánto dinero agrega al sistema sino a qué costo llegará ese fondeo a los bancos y a qué tasa deberán trasladarlo.

Actualmente existen diferencias importantes entre las entidades. BBVA, por ejemplo, publica para determinados clientes una tasa preferencial de UVA más 7,50%, mientras que otros bancos mantienen ofertas alrededor de UVA más 9,50% o superiores. El propio Banco Ciudad ofrece actualmente su línea general de primera vivienda a UVA más 9,50%, aunque cuenta con una línea subsidiada por el Gobierno porteño al 7,50%.

El nuevo programa establece que todo crédito financiado con estos recursos deberá otorgarse como máximo a UVA + 7,50%. Esto introduce una referencia concreta que podría ejercer presión competitiva sobre el resto de la oferta hipotecaria.

El efecto no es menor. Como mostramos recientemente desde Reporte Inmobiliario, algunos puntos de diferencia en la tasa modifican sensiblemente la cuota inicial y, fundamentalmente, el ingreso que una familia necesita demostrar para poder calificar.

El propio ejemplo oficial permite verlo. Para una vivienda de USD 106.667, financiando el 75% a 25 años y UVA + 7%, Economía calcula una cuota inicial de $865.098 y un ingreso familiar neto requerido de $3.460.391 mensuales, considerando una relación cuota/ingreso del 25%. Estos números estarían muy poco por encima de lo que se debería destinar a un alquiler en una propiedad similar a la adquirida.

Por eso, si el nuevo fondeo consigue que entidades que hoy prestan a tasas mayores puedan acercarse al 7% o 7,5%, el impacto no será solamente financiero: aumentará el número de hogares que reúnen las condiciones necesarias para acceder.


¿Qué bancos pueden participar?


El diseño no reserva los fondos al Banco Nación ni a la banca pública. Las entidades financieras competirán por captar los depósitos del FGS y ninguna podrá ofertar por más del 20% de cada licitación.

Esto resulta particularmente importante en la situación actual. El Banco Nación asumió durante 2026 un papel determinante en la originación hipotecaria, llegando a concentrar una proporción extraordinariamente elevada de las nuevas operaciones.

El programa puede contribuir a modificar esa concentración si logra atraer nuevamente a bancos privados que cuentan con capacidad de originación pero que redujeron su actividad frente al costo o la disponibilidad del fondeo.

La primera licitación será, en ese sentido, un indicador importante. Más que observar únicamente cuánto dinero se adjudica, habrá que mirar cuántos bancos participan, cuánto demandan y qué plazo de fondeo eligen.

Si aparecen cinco, seis o más entidades compitiendo activamente por los recursos, la señal para el mercado será considerablemente más importante que si el programa termina concentrándose nuevamente en los mismos actores que actualmente sostienen la originación.


¿Cuándo podría sentirse en el mercado?


El efecto no será inmediato. Economía anunció que la primera licitación será por $200.000 millones y que los bancos adjudicatarios tendrán hasta 90 días corridos desde la constitución del depósito para aplicar los recursos.

Por lo tanto, las primeras operaciones podrían comenzar a aparecer durante los próximos meses, mientras que el impacto significativo dependerá del ritmo con el que se realicen las sucesivas licitaciones.

Si se utilizara como referencia el monto del ejemplo oficial, una primera licitación de $200.000 millones equivaldría aproximadamente a 1.650 créditos hipotecarios. Cada nueva ronda podría agregar un volumen similar, aunque nuevamente dependerá del monto promedio de cada operación.

Esto también significa que los $2 billones no deben imaginarse como una inyección instantánea al mercado inmobiliario. Se trata de un mecanismo gradual de fondeo que puede ir agregando demanda efectiva a medida que los bancos transformen esos recursos en hipotecas.


¿En qué segmento tendrá mayor impacto?


El destino a primera vivienda y el tope de 150.000 UVA orientan claramente el programa hacia hogares de ingresos medios con capacidad de ahorro previa pero que necesitan financiar una parte relevante del valor de la propiedad.

El ejemplo elegido por el propio Ministerio —una vivienda de aproximadamente USD 107.000 con un 75% financiado— es bastante representativo del segmento en el que probablemente pueda observarse el mayor impacto.

En términos del mercado inmobiliario, esto dirige buena parte de la demanda potencial hacia departamentos usados y unidades de valores medios, particularmente de uno, dos y tres ambientes, aunque el programa también permite financiar construcción, ampliación y refacción.

No resuelve, naturalmente, el acceso para hogares que no alcanzan el ingreso requerido ni disponen del ahorro necesario para completar el porcentaje no financiado. Aun con una tasa de UVA + 7%, el ejemplo oficial requiere ingresos netos familiares superiores a $3,46 millones y aproximadamente el 25% del valor de la propiedad más los gastos de la operación.


Banco Ciudad suma otra fuente de recursos


Casi simultáneamente, la Ciudad de Buenos Aires avanzó con una medida complementaria. La Legislatura modificó la Carta Orgánica del Banco Ciudad estableciendo que como mínimo el 25% del remanente disponible de sus utilidades deberá destinarse a créditos hipotecarios.

La medida tiene una escala y una naturaleza diferentes a la del FGS, pero apunta en la misma dirección: aumentar los recursos destinados al financiamiento de vivienda.

El Ciudad ya cuenta actualmente con una línea para primera vivienda a UVA + 7,50%, que incluye una bonificación de dos puntos porcentuales a cargo del Gobierno porteño, frente al 9,50% de su línea general. La decisión de reservar parte de las utilidades puede permitir darle mayor continuidad y volumen a esa política.

Su efecto será fundamentalmente porteño y dependerá del nivel de utilidades efectivamente distribuibles del banco. Por eso, no tiene por ahora la escala sistémica de los $2 billones anunciados por Economía, pero suma otra señal concreta en favor del financiamiento hipotecario.


Una medida importante, pero el desafío continúa


La utilización del FGS como proveedor de fondeo tiene una virtud concreta: ataca uno de los problemas que hoy limita la expansión hipotecaria sin trasladar al Fondo el riesgo crediticio de los tomadores. Ese riesgo continúa en los bancos, que deberán seleccionar, evaluar y otorgar los préstamos.

También incorpora competencia: los bancos deberán disputar los recursos y luego colocarlos dentro de un plazo determinado y a una tasa máxima establecida.

Pero no resuelve definitivamente el problema estructural. Incluso un depósito a cinco años continúa siendo considerablemente más corto que una hipoteca a 20 o 30 años. El mecanismo reduce el descalce; no lo elimina.

Por eso debería entenderse como un puente para ampliar la originación mientras se desarrollan fuentes permanentes de fondeo hipotecario: securitización de carteras, fideicomisos financieros, participación de inversores institucionales y un mercado secundario capaz de devolver capacidad prestable a los bancos.

Hay además un punto que deberá observarse especialmente: qué sucede con las tasas una vez agotado el fondeo del programa. El verdadero éxito no será solamente colocar $2 billones, sino que esa mayor competencia contribuya a establecer tasas hipotecarias más bajas y sostenibles para todo el mercado.

Argentina continúa teniendo un volumen de crédito hipotecario extraordinariamente reducido. Economía lo ubicó en torno al 2% del PIB, muy lejos de la profundidad alcanzada en otros países. Esto muestra simultáneamente el atraso acumulado y el enorme espacio potencial para crecer.

Después de la recuperación iniciada en 2024 y de la desaceleración observada este año, la decisión de aportar fondeo específico constituye una señal positiva. Ahora habrá que mirar menos los anuncios y más los resultados: cuántos bancos compiten por esos recursos, a qué costo los captan, a qué tasa finalmente prestan y cuántas nuevas familias consiguen transformar ese fondeo en una vivienda.

Después de años en los que el financiamiento para vivienda tuvo una presencia prácticamente marginal, que comiencen a instrumentarse mecanismos destinados a ampliar el fondeo, aumentar la competencia y sostener tasas más accesibles es una señal muy favorable. El desafío será ahora de los bancos, el mercado de capitales, el sector inmobiliario y de la construcción y del Estado como generador de las condiciones necesarias, para darles continuidad y escala a estas iniciativas y conseguir que el crédito hipotecario deje de depender de ciclos aislados y pueda consolidarse como una herramienta permanente de acceso a la vivienda.