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Señales divergentes

En forma recurrente se pone de relevancia el crecimiento de la actividad de la construcción y la cantidad de nuevos empleos que genera. Desde distintas esferas gubernamentales también se destaca la perfomance del sector como motor del crecimiento del PBI. Sin embargo, desde otras áreas se impulsan medidas que generan incertidumbre y que impactarían desacelerando el buen ritmo evidenciado en los últimos años.



Resulta casi una obviedad mencionar que toda comunidad organizada necesita reglas claras a las cuales atenerse. Si bien es cierto que nuestra idiosincrasia se encuentra teñida de un poder de adaptación encomiable hacia escenarios inestables lo deseable sería animar la previsibilidad, mitigar la improvisación y el marco de incertidumbre que se ciñe casi recurrentemente sobre nuestro futuro.

En lo que se refiere al mercado inmobiliario y a la actividad de la construcción, variados han sido los anuncios que lejos de fomentar la seguridad a largo plazo que requiere la actividad, han creado en algunos casos expectativas sobredimensionadas y en otros amenazas y acciones fundadas.

Dentro del primer grupo, descolla el anuncio de convertir a los inquilinos en propietarios, que fuera lanzado en un acto oficial en Casa de Gobierno en el mes de agosto pasado. Si bien del anuncio se pudo rescatar como positivo, entre otras cosas, que se dejaron de lado algunas iniciativas que bregaban por el congelamiento de los alquileres, caía de maduro que de la manera planteada era imposible de cumplir. Pero, lo que si generó en forma inmediata fue una importante expectativa que por el contrario, provocó un estancamiento en las solicitudes de crédito de líneas tradicionales, frenando también operaciones de compraventa con la participación de créditos y dilación de negociaciones de contratos de alquiler y la reticencia a firmar nuevos contratos hasta la tan ansiada instrumentación de los anuncios.
La realidad cae tarde o temprano por su propio peso y hoy gran parte de los esperanzados inquilinos han verificado que la cuota que deberían pagar por el crédito de una propiedad similar a la que ocupan es cuando menos de un 70 % superior al monto que oblan mensualmente por alquiler. Impedidos por capacidad de pago o por requisitos la mayoría de los inquilinos debe nuevamente volcarse al mercado locativo, renegociando la continuidad de sus contratos o bien buscando nuevas unidades para ocupar, pero cargando además con el peso de la desilusión.

Recientemente desde la AFIP, también, se han impulsado algunos anuncios y medidas que tienden a modificar la operatoria habitual de compraventa de inmuebles, restringiendo y limitando la forma de pago de las operaciones y también en cuanto a lo que respecta a la información del Impuesto a la Transferencia de Inmuebles. Si bien nadie puede criticar la intención lícita de evitar la evasión impositiva, los anuncios dan la sensación de ser lanzados nuevamente sin medir las implicancias y el impacto que generarán en la actividad, provocando cuando menos un nuevo manto de incertidumbre hacia futuro que podría desacelerar la inversión inmobiliaria.

Desde el ámbito judicial, también durante los últimos meses, se ha vivido la injerencia en la actividad constructiva de nuevos edificios. Edificios cuyos proyectos cuentan con la autorización y aprobación de la autoridad competente en la materia, el Gobierno de la Ciudad de Bs. As. Así, por presentaciones particulares de amparos, se han frenado obras en ejecución y también se ha fijado la imposibilidad de comenzar desarrollos en ciertos sectores de la ciudad. Esta situación es sumamente delicada, ya que las dilaciones en la programación de obra y de ingresos proyectados de un emprendimiento inmobiliario repercuten en su rentabilidad y desalientan nuevas inversiones ante la incertidumbre que se genera al incorporar un nuevo elemento de riesgo para la inversión.

Llevar adelante un desarrollo constructivo, no es tarea fácil. Pareciera que desde ciertos sectores se subestima la complejidad de variables que deben manejarse y la multitud de amenazas a las que se ven expuestos los proyectos de edificación.

La construcción es la actividad en la que más puestos de trabajo se han generado durante la primera parte del año. Crece a tasas superiores al 20 %, más que duplicando las ya abultadas del PIB general. Mantener y aún incrementar estos niveles de actividad no sólo beneficia a los que están inmersos en ella, sino que se derrama intensivamente en la economía en su conjunto. En virtud de ello y de comenzar a revertir un déficit habitacional de alrededor de 2.600.000 viviendas, resulta imprescindible la racionalidad en los anuncios y acciones que se lanzan desde la esfera pública. El largo plazo es la moneda corriente en la que se miden los tiempos en el negocio constructivo-inmobiliario y desde luego toda incertidumbre genera desconfianza y susceptibilidades en los hasta ahora predispuestos inversores y empresarios del sector.

© ReporteInmobiliario.com, 2003-2006, Lunes 13 de Noviembre de 2006.

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