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El mercado necesita creatividad !

No sólo a fuerza de m2 se hace un desarrollador inmobiliario. Por el contrario las nuevas ideas y el coraje para llevarlas adelante son las cualidades que lo diferencian de un mero imitador y que hacen un éxito a sus productos.
El arq. Damián Tabakman nos llama a la reflexión sobre este tema, y pide a gritos: Una idea, por favor!!




Una idea, por favor!!

Volvimos de las vacaciones y no lo podemos creer….

La ciudad se ha llenado de cercos de obra. Ya no quedan panaderías, garages ni estaciones de servicio en Palermo, Belgrano, Núñez ni en Caballito. Fueron demolidas para hacer edificios. Las estadísticas no mienten. Leemos que hay récord de escrituras y de permisos de construcción, y debemos reconocer que es verdad. Nadie sabe a ciencia cierta quien va a comprarse todos esos departamentos, pero todos los días se empieza un edificio nuevo. La propensión de la gente a invertir en ladrillos se ha instalado, y parece que llegó para quedarse. El fuerte crecimiento económico que tenemos ha regenerado la capacidad de ahorro de muchos, de manera que el mercado inmobiliario ya no está motorizado por la plata del colchón, sino por la riqueza que se está produciendo.

Celebremos…. (?)

Los arquitectos, ingenieros, constructores, brokers, proveedores y demás actores del mercado, estamos con mucho trabajo. Pero creo que también tenemos que encender algunas luces amarillas. Es verdad que está repleto de nuevas obras, pero debemos reconocer que son todas iguales. Más de lo mismo: en los barrios solo se hacen unidades de 2 y 3 ambientes, del mismo tamaño, con las mismas comodidades. En Puerto Madero, todas las torres son iguales y en Punta del Este todos los proyectos frente a La Brava parecen concebidos por la misma persona.

Cuidado, esto ya nos pasó….

Recordemos las canchas de paddle y las pistas de patinaje sobre hielo. Hoy, todos se lanzaron a hacer los mismos edificios, al mismo tiempo, sin pensar en el usuario final ni en el comprador que va a utilizar los departamentos que estamos fabricando. Antes de empezar, hacemos alguna cuenta sobre el costo de construcción, más el valor del terreno. A eso le sumamos lo que queremos ganar y así sale el precio de venta. Como sobran los inversores, avanzamos. El tiempo dirá si hay compradores a ese precio. Y si no, conservaremos las unidades para alquilarlas, piensan los inversores sin decirlo en voz alta.

Una idea, por favor….

No nos olvidemos que estamos haciendo productos para vender, que alguien deberá usar. Podrá ser el mismo inversor, su hijo, un inquilino o un comprador. Pero alguien deberá vivir en esa unidad para que el ciclo tenga sentido, se retroalimente y sea sustentable en el tiempo. Y deberá ser un sujeto que tenga capacidad de pago para acceder al departamento, de contado o financiado, argentino o extranjero, que lo elija como su residencia. Esto, que es tan obvio, parece estar fuera de la perspectiva de muchos de los que están llenando la ciudad de cercos de obra.

Y lo peor es que muchos son arquitectos….

Soy arquitecto y puedo dar fe: la facultad de arquitectura es un entorno lleno de creatividad. Fluyen las ideas, las formas, los conceptos, los colores, los nuevos estilos de vida, los entornos desconocidos, los lugares aun ocultos de la ciudad. Sin embargo, pareciera que el encuentro de los jóvenes profesionales con la realidad es tan traumático, que la mayoría pierde la creatividad de golpe, tan pronto como empieza a trabajar. Atrapados por la rigurosidad de los números, de la rentabilidad de los negocios, del apuro por hacer más cosas y del capricho a veces inmanejable de los clientes, la creatividad desaparece. Y eso es grave. Es grave porque es el augurio del fracaso de lo que estamos haciendo.

Aprendamos de los que saben….

Que todo se ha vuelto igual, no es una enfermedad exclusiva de nuestra actividad actual. Es una enfermedad muy amplia, contra la que tenemos que luchar. Hoy en día, todas las empresas parecen iguales, contratan la misma gente, hacen los mismos estudios, trabajan de igual manera, producen objetos similares, de calidad equivalente y a precios casi iguales. Diferenciarse es un gran desafío en cualquier sector. Los que se dedican a la publicidad lo padecen todo el tiempo. Sucede que recibimos miles de mensajes por día, que nos invitan a comprar cosas. El desafío está en marcar la diferencia. Tom Peters nos dice que todas las empresas compiten por la atención del cerebro y del corazón de la gente. Según él, la solución pasa por comprender que los productos que las compañías ofrecen son menos importantes que sus historias, sus mitos, sus imaginarios, sus creencias, sus rituales, sus sentimientos, su identidad, sus pasiones, sus debilidades, sus promesas.

Una gran diferencia….

Los humanos se comunican mediante historias. Allí radica, por ejemplo, la capacidad de liderazgo: en saber contar historias muy poderosas. Un argumento, un final abierto e inconcluso, una experiencia o un mito, marcan la diferencia. En el mundo de los negocios, esto se traduce así según Gary Hamel: el secreto para tener éxito es crear una causa, no un negocio. Ejemplos: iPod, Just Do It, Starbucks, Perrier, FedEx. Linda Kaplan, es su libro Bang, nos explica dónde radica la diferencia y por qué estas “grandes causas” son diferentes y replican, en el mundo de los negocios, el efecto Bing Bang. Starbucks no inventó el café, ni Perrier el agua, ni FedEx el correo. Pero todos explotaron conceptos que, en muy poco tiempo, lograron invadir el paisaje americano. Solo ideas muy simples, como el lugar de encuentro para tomar un café, o la sofisticación de poder tomar agua envasada francesa en la profunda Norteamérica, o la simpleza de llegar con las cartas de un día para el otro, garantizado. Solo ideas simples, creatividad y coraje para ponerlas en marcha. Nada más.

El real estate no es una excepción….

En nuestro sector, algunos lo entienden muy fácilmente, y lo hacen. Ejemplos: a) Cercar un campo o un pantano y lotearlo para convertirlo en un barrio privado con valores de tierra urbana, no rural; b) Hacer una torre en un lote grande de la ciudad y agregarle jardines, canchas de tenis y piscinas; c) Hacer un complejo de locales comerciales (léase shopping) fuera de las calles tradicionales y cobrar alquileres como en las mejores esquinas de la ciudad; d) Construir una torre ultra moderna con fachadas francesas; e) Poner en marcha un rascacielos de 50 pisos en un barrio nuevo, sin vecinos; f) Crear un hotel con magia propia, sin una marca internacional. Sobran los ejemplos, todos muy cercanos. Cada uno de los productos mencionados tiene un autor inconfundible, con nombre y apellido, que todos conocemos.

Qué pasa, no vemos los buenos ejemplos?

Estoy preocupado. Vienen los alumnos a nuestros cursos de postgrado de real estate a aprender cálculo financiero, estructuración legal de negocios inmobiliarios y estudios de mercado. La mayoría son arquitectos y están ávidos por aprehender las nuevas técnicas que desconocen, con la idea de convertirse en desarrollistas. Como si el éxito de un desarrollo inmobiliario pasara por calcular mejor la tasa interna de retorno. Y así terminamos teniendo profesionales que conocen las nuevas técnicas para hacer más de lo mismo: el mismo proyecto, con el mismo fideicomiso, fundamentado en el mismo cálculo de rentabilidad, presentado de igual forma. Y, por supuesto, conciben productos insulsos, descafeinados, descremados, sin gusto, ni color, ni sabor. Error, error.

Esto no es simplemente “sale con fritas”…

Así, vamos directo al fracaso. Para empezar a cambiar, recordemos a Steve Jobs, fundador de Apple. Jobs no es tan famoso como Bill Gates, pero es quien hizo que la revolución de la información tuviera lugar, y fue el motor de todo lo que siguió. Jobs dijo: “Vamos, hagamos una muesca en el …universo”. Y a raíz de eso, nos dice sabiamente Tom Peters: “la mayoría de nosotros no lo haremos, pero al menos – y todos nosotros tenemos esa habilidad – podemos / debemos intentarlo. De acuerdo?”.

Arq. Damián Tabakman*
damiantabakman@fibertel.com.ar


© ReporteInmobiliario.com, 2003-2006, Lunes 13 de Febrero de 2006

(*) Autor: Arq. Damián Tabakman, consultor de empresas desarrollistas e inmobiliarias. Ex gerente de negocios inmobiliarios de Banco Comafi y ex gerente de consultoría de RED S.A. Master en Finanzas, Profesor del postgrado de real estate de la Universidad de San Andrés y asesor de ReporteInmobiliario.com




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