Informes > CONSTRUCCIÓN > Esperando la letra chica del Megaplan Casas en Argentina

Esperando la letra chica del Megaplan

A tono con las políticas que se llevan en otros paises afectados por la crisis internacional, el gobierno nacional anunció un ambicioso monto que se volcaría a obras públicas con una ejecución prometida de más de 50.000 millones para el año próximo a comenzar.
Dudas y certezas mientras se espera la letra chica.



Los buenos deseos y las buenas intenciones deben ser bienvenidas. Pero, luego a falta de precisiones es lógico que aparezcan dudas acerca de su verdadero alcance y de la posibilidad de su concreción efectiva.

Más allá del consenso general adoptado por los especialistas acerca de lo positivo sobre la toma de conciencia de la desaceleración de la economía por parte del gobierno, aparece también como una de las recetas viables a implementar para incentivar la creación de empleos el recurrir a la obra pública.

La inversión en infraestructura - la real, la que se concrete, la que la gente viva y las actividades productivas usufructen, la que se realice técnicamente donde y como corresponde y por la que se pague el precio adecuado a la cantidad y calidad requerida – es no sólo necesaria sino que también proactiva hacia futuro, ya que realizada de ese modo no sólo mitigará las consecuencias negativas de una situación coyuntural de decrecimiento económico sino que atenderá y potenciará un crecimiento mayor en el futuro.

La intención, el anuncio, debería resultar esperanzador, pero… como “de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno”, según define el saber anónimo, es lógico que aparezcan dudas o voces de advertencia hasta que se conozca la “letra chica” del destino cierto, concreto y real de tamaño volumen de fondos prometido, habida cuenta de lo que podríamos afrontar a futuro si nos apegáramos al destino final que tendría el camino que cita el refrán.

Descontando que su financiación esté asegurada, entre las muchas dudas que podrían plantearse se destacan las siguientes:

1) Es difícil que la aplicación efectiva de los fondos del plan para el año 2009 – al menos en lo que supera a los ya comprometidos en el presupuesto aprobado hace poco más de dos meses – puedan ejecutarse antes del segundo semestre de este año, habida cuenta de los tiempos necesarios para una programación efectiva del destino de los mismos y de su instrumentación en nuevos proyectos que demandan especificaciones técnicas particulares, licitaciones y adjudicaciones dentro de lo que debe ser un sistema transparente. Al menos, que sean aplicados a proyectos demorados, en vías de ejecución o a ampliaciones de obras ya en curso.

2) La intención manifiesta de sostener el ritmo de ocupación y de generación de empleo a través de la construcción es positiva y deseable, pero de ponerse en ejecución de manera efectiva tamaño volumen en obra pública como el que se promete, concentrado sobre todo a partir cuando menos del segundo trimestre del año, cabría preguntarse de donde saldrá esa mano de obra necesaria, sobretodo si se tiene en cuenta la intención de casi duplicarla de los niveles actuales, cuando ya era una misión difícil hallar personal capacitado para los distintos rubros de obra con una inversión pública significativamente menor o, tal vez, solo terminará siendo un vaso comunicante para el traspaso de personal desde empresas dedicadas a la hasta hace poco pujante obra privada.

3) Con menores volúmenes de obra pública a los lanzados ya se vivió un incremento en los precios de determinados materiales y servicios, producto de la falta de adecuación de la oferta ante una demanda que hizo trabajar a determinados sectores al límite de su capacidad instalada. Si el incremento de las obras es tal que demanda duplicar la dotación del personal, difícilmente podran las mismas ser abastecidas de materiales sino es a costa de pagar un precio mayor para obtenerlos.

4) Para hacer frente a una obra pública, aunque esta sea menor a un año, hace falta además de la capacidad técnica necesaria, contar con capacidad patrimonial y financiera para poder llevarla adelante teniendo en cuenta las dilaciones que existen en el tiempo entre los costos a los que debe hacer frente la empresa para llevarla adelante y el cobro parcial o final de los mismos mediante los certificados de obra que se van emitiendo en el proceso de construcción. Para hacer frente a esta diferencia temporal entre costos y retribución, hace falta acceso a financiación en condiciones que permita absorber ese desfasaje y cierto diferencial de costos que pueda darse por inflación de los mismos en ese lapso. Si lo que se pretende, como parte de este nuevo plan de obras públicas, es favorecer a las pymes, para que precisamente puedan participar, se debería tender a contratos que contemplen acopios previos (pago a cuenta), reducir al máximo los tiempos de certificación y liquidación efectiva de los certificados de obra y/o –lo más difícil y que puede incluso suplantar a lo anterior- tender a un mercado de crédito o de descuento de certificados accesibles por tasa.

Estas y otras inquietudes aparecen mientras se espera la letra chica que en definitiva será la que deberá instrumentar los mecanismos necesarios para pasar de los anuncios a las obras concretas en los montos y tiempos prometidos. Aunque la sinceridad amerite también el planteo de un último interrogante: de concretarse – y bien – este megaplan de obras públicas, ¿se sumará a la hasta ahora mayoritaria inversión en obras privadas que motorizó el crecimiento del PBI de la construcción general o bien funcionará como una sustitución de la misma o cuando menos oficiará de red para detener lo que se presume es una abrupta caída?

© ReporteInmobiliario.com, 2003-2008, miércoles 17 de Diciembre de 2008.



.
Puntuación Promedio: 4.75 - votos: 8
Por favor tómate un segundo y vota por este artículo:

Excelente
Muy Bueno
Bueno
Regular
Malo

REPORTE INMOBILIARIO TV

Informate al instante

Reporte Inmobiliario

Valor metro cuadrado por manzana

Suscribete a nuestro newsletter semanal