Luego de la crisis producida por la abrupta salida de la convertibilidad, la oferta de inmuebles para la venta se fue recuperando paulatinamente por el sostenido incremento de los precios en pesos de los inmuebles.
Pero no comparto que se tome este indicador para proyectar la prosperidad de este sector si no se recupera en igual medida el ingreso de la franja media de la sociedad, congelado en el mejor de los casos en el uno a uno (ya que una parte de esa franja desapareció del mercado por la pérdida de su empleo).
Este hecho, más la notable diferencia existente en la actualidad entre el valor solicitado por las unidades usadas y el costo de construcción de las nuevas, me hace pensar que, tarde o temprano, el mercado de inmuebles usados deberá “ajustar vía precios” si quiere mantener un ritmo de actividad aceptable.
Este desbalance podría ser en parte compensado (y sólo en parte) desde el lado de la demanda si, de mantenerse la estabilidad, reapareciera el crédito bancario a tasas de un dígito pero con un alargamiento del plazo de los préstamos. Esto ayudaría a neutralizar el efecto de una menor cuota de pago (en términos relativos) debido a que, por las razones ya expuestas, en el 2004 se necesita una mayor cantidad de meses de trabajo para pagar el mismo inmueble que se pagaba en el 2001.
Cuando se proyectan los valores de las unidades no veo que se evalúen seriamente los efectos de la negociación de la deuda externa.
Si, mediáticamente, se proyecta la actividad de este sector pensando en el incremento de sus precios, porqué no se miden los efectos que podría tener la demora o el fracaso en alcanzar un acuerdo con los acreedores internacionales, con lo que ello significaría en el flujo de capitales hacia y desde nuestro país?
Como tampoco tengo dudas que un acuerdo favorable podría mejorar aún más dichos precios por efecto de la inversión externa.
No está mal ser optimista en un negocio como el inmobiliario pero no parece muy profesional no considerar que en el análisis retrospectivo de los precios de la principal mercancía del sector se observa una variabilidad (con las consecuentes pérdidas y ganancias en “moneda dura”) que no se advierte con frecuencia en los países predecibles.
Además, una parte de los operadores inmobiliarios es más propensa a mostrar que los precios se dirigen hacia el pico histórico (que es cuando se fortalece la oferta de unidades para la venta) que para alertarnos que, por las turbulencias económicas, podríamos aterrizar en los mínimos registrados, por dar un ejemplo, en 1983/4 o 2002, cuando desapareció casi por completo la oferta de unidades y, con ello, las operaciones inmobiliarias se redujeron a su mínima expresión.
Lic. Aldo Di Franco
Economista
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