No se trató en este caso de una puja entre "el afán inescrupuloso de lucro por parte de la especulación inmobiliaria” y los ideales aislacionistas de “vecinos”, sino de un detonante social que pone en evidencia una necesidad desatendida y una endeble aplicabilidad de la ley
Lo que sucedió en Villa Lugano, con la usurpación de unidades pertenecientes a un complejo de viviendas sociales, en donde la mayoría se hallaban ya adjudicadas por órden de la justicia, es una situación no menor que pone de manifiesto señales preocupantes acerca de los derechos y la fuente de los mismos.
Las 128 viviendas que se encontraban ya casi terminadas, fueron fruto de la usurpación por parte de un grupo de habitantes de un asentamiento marginal vecino al sitio de su localización. Los adjudicatarios originales, con el apoyo de la policía, fueron mudados de apuro, con lo puesto, como medio de contrarrestar la ocupación de parte de los vecinos de la villa cercana.
Lejos de quedar solucionado, el problema persiste y lo más grave es que queda librado a la defensa por parte de los ocupantes de sus viviendas frente a las hostigaciones del grupo que se siente desposeído.
La situación refleja una problemática social y la gran confusión de derechos y obligaciones que se vive por estos días y que tiene sus raíces en la debilitación de los valores que sustentan a toda comunidad organizada y que se refleja en la falta de aplicación de los premios y castigos a los que los individuos deben hacer frente como integrantes de una sociedad con un marco legal constituido.
La ley rige para todos, pero en los últimos años se ha apoderado de la opinión pública la sensación de que no es así. Que determinadas infracciones pueden ser admitidas a ciertos grupos o actores sociales y no a otros, creándose así una gran distorsión en la manera de percibir los derechos y responsabilidades por parte de los integrantes del tejido social.
El crecimiento de la densidad y extensión de las villas de emergencia en la ciudad y el conurbano es preocupante, así como la toma de predios e inmuebles, que en primer lugar deben llamar la atención por las condiciones en la que viven sus ocupantes, pero también por la degradación que generan en su entorno circundante a nivel físico y sobre todo social, llevando al enfrentamiento con aquellos que ocupan conforme a la ley las tierras e inmuebles vecinos. Pero lo peor aún es que desnuda de manera objetiva un problema de integración y convivencia que genera conflictividad e inseguridad, que excede la resolución física de viviendas.
El tema debe ser abordado a nivel nacional, por la ciudad y el área metropolitana, ya que
todos sus habitantes sufren consecuencias negativasbajo la forma de degradación ambiental, insalubridad e inseguridad
Como queda reflejado en estos últimos acontecimientos, ya no se trata del egoismo de algunos privilegiados que no quieren compartir con otros su habitat o barrio como se trató de justificarlo muchas veces desde el ámbito oficial, sino de una conflictividad que enfrenta incluso a pobres contra pobres y que por supuesto no se resuelve con discursos llenos de buenas intenciones sino con acciones y planes reales a largo plazo que superan ya la mera construcción de viviendas y tiene más que ver con fortalecer la educación, la cultura del trabajo y el cumplimiento de las leyes.
© ReporteInmobiliario.com, 2003-2008, viernes 18 de Julio de 2008.
.